jueves, 23 de julio de 2015

Virgen y Trémula

No temas, nunca te haría daño…

     Fueron mis últimas palabras antes de conocer el cielo que hay entre tus piernas, antes de saborear la gloria, antes de sentir el suave aroma de tu piel impregnándose a mi cuerpo, tu piel erizada, tu alma desbordada, tu pulso acelerado y tu voz, oh que voz, que gemidos tan finos, tan llenos de placer, creo que aun te escucho susurrarlos a mi oído, al tiempo que las uñas de tus manos  desgarraban mi espalda , fue en ese instante cuando todo se aquieto, todo se volvió silencio, todo era aún más lento, era como haber detenido el tiempo, volví a mirar tus ojos nuevamente, ya no eras la misma, había una nueva mujer en esa mirada, una más audaz, mas desinhibida, deseosa de nuevas experiencias, complacida por lo hasta ahora logrado, anhelante de más de aquello que la había hecho mirar de manera distinta, sin miedos, sin tabúes, ya no eras la chica virgen y trémula, ahora eras, mas mujer…


Ángel D. Marquez
23/07/15


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